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En primera persona....

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“Tengo 13 años y llevo en Tureygua desde los nueve. Gracias a Tureygua, he aprendido a ser yo misma, a saber qué es lo que me gusta y lo que no me gusta, cuales son mis virtudes, cómo ser más honesta con las personas sin lastimarlas. También he aprendido diferentes maneras de cómo resolver mis problemas. Cuando se me enfrenta una situación difícil, por ejemplo un problema con una amistad o un familiar, gracias a Tureygua siempre sé cual es la mejor forma de resolverlo. "

Teresita, 13, participante de Club Tureygua


“En un abrir y cerrar de ojos, Yaurel cambió mi vida por completo. Conocí a nuevas personas que me ayudaron a ser quien soy hoy de una forma u otra. Cada risa que compartimos y cada oración que rezamos se quedaron conmigo y poco a poco fueron formando una memoria inolvidable de un lugar fascinante. Mi fe creció más y más; me ayudó a ver el mundo con ojos de misericordia. Yaurel: un lugar de paz, amor, fe y diversión.”

Giselita, 17, participante del Club Yaurel


“Como Otro Yo fue una experiencia super hermosa por un montón de cosas. Ayudar a personas que lo necesitan (ya sea ayudando físicamente o solo brindando apoyo emocional) es super gratificante y me ha enseñado a utilizar mi juventud y mi energía para aliviar la carga a los demás. Aunque sea un acto pequeño, como recolectar una compra de supermercado, limpiar una casa, llevar una parranda o solo ser un par de oídos para una persona solitaria, al final de todo se siente como algo grande porque ver el efecto que tiene en la felicidad de la persona es una recompensa incomparable. También, me ha ayudado a abrir más los ojos a las necesidades de los demás, a ser más sensible, más comprensiva y útil hacia las personas que necesitan de mi ayuda, aunque no me la pida. He aprendido a observar la necesidad y a hacer lo que esté en mi poder para ayudar. Sobre todo, las amistades que se forman en el camino son irreemplazables. He creado vínculos con personas a las que fui a “ayudar” y que en fin esas personas han sido las que me trajeron alegría y me enseñaron cosas inolvidables. Definitivamente fueron más las experiencias y la ayuda que recibí que la que dí.”

Gabriela, 19, voluntaria de Como Otro Yo


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“En Chatka no solo se disfruta y se goza, sino que se crece los valores y se hacen buenas amistades. Cada vez que voy a Chatka aprendo muchas cosas nuevas de mi, aprendo cómo mejorar cada día como persona  y cómo hacer mis amistades mejores. Gracias a Chatka cada año mejoro: me siento nueva cuando vuelvo de Chatka. Sin Chatka yo no hubiera crecido en los valores que me ayudan con mi vida diaria. Noto una diferencia de cuando salgo de Chatka, salgo con mi corazón abierto a nuevas amistades. Chatka me ayuda con mi familia mucho, ahí me enseñan cómo estar agradecida de mi familia. Así que con esto quiero decir que Chatka me a hecho una mejor persona aunque todavía me falta mucho por mejorar.”

Catalina, 13, participante de Chatka Camp


“Para mi Torrevista es mi casa. Agradezco el hecho de poder vivir aquí porque gracias a eso he podido aprender un montón de cosas. Primero que todo, a saber aprovechar el tiempo. Uno no se da cuenta como uno puede perder el tiempo en tantas cosas innecesarias. Veo a las demás estudiando o ayudando en cosas de la casa y veo que yo puedo hacer lo mismo. Otra cosa que he aprendido es saber convivir con otras personas totalmente distintas a mi. Aceptar y querer a la gente con quien vivo. Aprendí a abrir más los ojos y ver si necesitaban ayuda en algo. En esa misma línea, me encanta el ambiente de familia que se da entre nosotras. Cuidamos que todo esté bien puesto. Cuando vienen mis amigas se impresionan de lo lindo que es todo y lo bien que se está aquí. Me doy cuenta de que esto no es solo un hospedaje sino una casa. Yo me siento super bien, me siento en mi casa y yo no cambiaría esto por nada. No solo lo material... también uno se siente querida por las demás. Por último, me encanta la facilidad que tengo para formarme espiritualmente. Aquí se preocupan no solo por mi bienestar físico - que coma, que este bien- sino que se preocupan por mi alma.”

María José Torres, 19, residente de Torrevista

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“Acacias formó gran parte de mi vida universitaria y personal. Definitivamente las que vivieron en Acacias conmigo fueron y son gran parte de mi vida personal y contribuyeron a que lograra acabar mi bachillerato. Me voy de la casa pero no lejos porque espero seguir siendo parte de esta familia por mucho tiempo.”

Rocio Soto, 25, residente de Acacias


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“En club Rosales encontramos personas especiales, geniales,dedicadas A ayudar,a hacer sentir el calor humano, a brindar alegría... en fin,es un espacio para sentirse única. Jossy aprendió a sentir empatía, y esto cada vez la hace mejor. Estoy muy feliz con las personas que componen Rosales.”

Josefina Rosa-mamá de Jossy Cruz, participante de Club Rosales


Creo que pasamos mucho tiempo de nuestras vidas deseando hacer algo con todas nuestras fuerzas, pero a la vez diciéndonos: "algún día, no hoy. Cuando pase esto, cuando tenga aquello". Me pasaba lo mismo con mi compromiso como cristiana, con lo que le estaba dando a Dios de mi vida. Llegar a Yaurel me ayudó a por fin tomar esa decisión de seguirle de verdad, sin excusas y con un corazón un poco más entregado. "Algo" en mí se encendió y me motivó a seguirle, el fuego de su Amor me ayudó a por fin poder decir: "Algún día es hoy, ¡Dios aquí estoy!". No soy perfecta, no todos los días son buenos. Siento dudas y miedos, pero existe dentro de mí una convicción inmutable: que Dios es mi Padre y estará conmigo no importa lo que pase.”

Rachel Alejandra, 19, participante de Club Yaurel

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“El ambiente de familia y estudio de ACACIAS me ha ayudado en muchos aspectos. Aprendí a organizar mejor mi tiempo y por tanto a mejorar en mis estudios; aprendí a convivir con distintas personalidades; a estar pendientes de las necesidades de los demás; a tener un horario y cuidar la puntualidad. En fin, pienso que Acacias me ayudó a mantener balance entre mi vida estudiantil y mi vida social. A parte de eso, con la iniciativa de Juventud Solidaria, he hecho cosas que antes no hacía, como ayudar a los más necesitados y tener espíritu de servicio. Más que una residencia universitaria, Acacias para mí es mi segunda familia.” 

Aliz Marie, residente de Acacias


“Estoy muy agradecida al grupo de niñas que me vinieron ayudar por los desastres del huracán pues soy paciente de diálisis y no podía hacer esas cosas. Le doy gracias a Dios y a ustedes, porque tienen un gran corazón.”

Sonia Camacho, Aguas Buenas, beneficiaria de Como Otro Yo


“Hola, Soy Mariluz de Aguas Buenas tengo una niña especial, se llama Katherine y tiene 16 años. El huracán me destrozó mi hogar. Estoy muy agradecida porque fueron las primeras personas en llegar y darme su ayuda. Siendo tan jóvenes han sido solidarias y empáticas con las personas más necesitadas. Estas niñas fueron como mis ángeles custodios y la viva expresión de Dios de bondad, humildad, generosidad. Y aunque no he recibido ayuda de FEMA continúo adelante con la esperanza de que hay personas como ellas que dan sin recibir nada a cambio. Les deseo que Dios las siga bendiciendo rica y abundantemente.”

Mariluz, Aguas Buenas, beneficiaria de Como Otro Yo